¿Revisé las condiciones éticas para votar en estas elecciones?  

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El voto ético es expresión de apoyo respetuoso a las autoridades democráticas legítimamente constituidas y fortalece el orden constitucional y democrático.

Votar a conciencia tiene que ver con la madurez mental y la capacidad de reconocer la dignidad de cada ser humano, su familia, la sociedad, las generaciones futuras y el entorno natural y artificial, y ayuda a liberarse de la corrupción.

Cuando en los hogares, las instituciones educativas, en el entorno laboral y los medios de comunicación, nos esforzamos por tener una sociedad con altos estándares de ciudadanía democrática, el desarrollo humano se acelera  de modo exponencial porque la nación también depende del poder político; votar es un deber que lo legitima.

Es propio de quien posee ciudadanía democrática, ejercer el deber moral de participar en la votación para autorizar que determinado candidato ejerza el poder político.

Al aplicar la responsabilidad social en la definición del destino colectivo, se puede fortalecer el bien común, que es el conjunto de condiciones que hacen posible a cada uno de los seres humanos de un Estado o un Territorio dependiente, en su relación con las familias y demás formas de asociarse, el logro más fácil y pleno de su desarrollo como comunidad de realidades constitutivamente espiritucorpóreas.

Lograr este bien común en una de las opciones que requiere que seamos especialmente solidarios compartiendo nuestros conocimientos y demás recursos para que vote el mayor número de personas, de modo responsablemente libre; esta es una forma de ejercer la justicia, el reconocimiento de la igual dignidad en cuanto humanos y la búsqueda del bien común, que nos da el poder de hacer realidad un país mejor.

Esta solidaridad no es complicidad ni coerción, manipulación, abuso de autoridad o de poder, presión o amenaza, más o menos disfrazadas, sino darse la libertad de ocuparse del crecimiento armónico -justo-, propio y de los demás, sustentándose en la humanidad común y en el conjunto de los vínculos que unen a los seres humanos, las familias y demás grupos sociales entre sí, ayudándose entre todos a solucionar necesidades que tienen que ver con el desarrollo personal armónico.

El voto solidario es fruto de una consideración ponderada y en lo posible basada en evidencias, acerca de los efectos de la elección sobre toda la nación y no solamente respecto de los beneficios personales inmediatos  como dinero, propina, descuentos, favores, comida, empleo, privilegios, poder, placer, posesiones, u otras aspiraciones de utilidad y bienestar que equivalen a compra de votos, en algunos casos como un trueque.

Cada ciudadano capaz, haciendo un esfuerzo generoso de solidaridad y difusión de cultura cívica, puede promover condiciones más justas de acceso y ejercicio del voto para que lo usemos de modo responsable, decididos a alejar del país la corrupción, el clientelismo, la violencia, las prácticas que atentan contra la vida e integridad física y afectiva, el descuido de la salud propia y de los demás, la gestión de recursos ilícitos de los que una parte se destina a la compra y el condicionamiento de votos, y demás daños a la naturaleza humana y su entorno, entre otros males.

El voto requiere un previo análisis crítico constructivo, evitar que las emociones mengüen el buen uso de la inteligencia y articularlas con el resto de las capacidades personales, como la voluntad, la afectividad y la jerarquización ética de los valores, prefiriendo siempre los mayores. Así la corrupción se remplaza con  la honestidad y la paz en las conciencias, que dan eficacia al Estado para lograr el pleno desarrollo de todos.

Votar bien implica hacerlo responsablemente, con libertad de conciencia, cuidando el secreto del voto, con honestidad, rechazando la corrupción electoral, informándose suficientemente, orientándose al bien común, respetando los derechos y deberes de cada ser humano, comprometiéndose con la paz, el pleno desarrollo de todos, el respaldo a las instituciones democráticas, la igualdad política  y el ejercicio del control ciudadano, entre otros deberes.

Necesitamos votar para aportar al bien común, porque así dignificamos y engrandecemos la patria en la conformación, ejercicio y control del poder político. Para lograrlo procuramos conocer en fuentes primarias, variadas y confiables, contrastando opiniones y profundizando en las propuestas sobre el compromiso con  los derechos humanos fundamentales.

Necesitamos conocer lo relevante para el cargo por el que se vota, y compararlo con la vida, equipos y personalidad de los candidatos y sus más cercanos, sus programas, alianzas y propuestas, con las que siempre deben defender y difundir los derechos humanos, principalmente el de la vida de cada uno, en todas sus etapas y circunstancias, porque es la condición para que podamos ejercer los demás derechos. Para que la vida esté bien cuidada, es necesario respaldar incondicionalmente la integridad y la paz, evitando que la desinformación y la ignorancia afecten la legitimidad del voto.

En su Artículo 258 la Constitución Política respalda nuestro derecho a votar sin ningún tipo de coacción y en forma secreta, en cubículos individuales instalados en cada mesa de votación, sin perjuicio del uso de medios en papel y electrónicos o informáticos que nos otorguen más y mejores garantías, para vivir plenamente el libre ejercicio de este derecho y deber ciudadano.

Es tanto lo que está en juego en cada votación, que necesitamos evitar y denunciar, toda clase de discriminación, violencia o vulneración de derechos, tenemos que pasar a una mentalidad distinta, en la que su ejercicio no suponga atropellar los de los demás; para lograrlo, hace falta jerarquizar los bienes, desde el referente de la igual dignidad de todo ser humano durante su vida completa, desde el comienzo de su concepción hasta su fin natural.

Se requiere vivir unos referentes éticos para que los seres humanos en el país y los nacionales en el exterior, tengamos mejores oportunidades para lograr el pleno desarrollo de cada uno, deducible de las perfecciones que nos constituyen y nuestro entorno.

Nuestra sociedad tiene derecho a que colaboremos con todo lo que podamos, para solucionar los obstáculos que impiden que la libertad del sufragio sea plena desde el punto de vista ético y jurídico, libre de presiones ideológicas, económicas, partidistas, familiares, laborales, consumistas, criminales, etc. Todos tenemos derecho a votar de modo diferente, sin intimidaciones ni represalias.

Debemos poner los medios para impedir mecanismos que destruyan la garantía de la votación secreta. Proteger la intimidad respecto al voto es necesario para ejercer este derecho y deber de que sea personal, según los referentes de la propia conciencia, previamente bien informada; con un celular e internet, la mayoría de personas podemos escuchar directamente a los candidatos y sacar nuestras propias conclusiones.

No podemos ceder ante sobornos u otros incentivos, ni vender, nuestra conciencia, el pleno desarrollo de nuestra generación actual y las futuras, nuestro territorio, ni nuestra soberanía. Debemos evitar y denunciar, la compra y venta de votos con dinero, comida, favores, promesas, complicidades u otras formas de satisfacer preferencias, que son violaciones a la libertad de sufragio y afectan negativamente la representación democrática, con impacto en la vida y el desarrollo de todos en nuestro Estado de Derecho. Tenemos el derecho y deber, de dar un voto libre y auténtico, y de garantizar en lo que esté a nuestro alcance, la integridad del proceso electoral.

Se vota bien cuando hay honestidad intelectual, porque más fácilmente se transmite la verdad, señalando con precisión lo que se concluye que es la realidad y  reconociéndole más valor que a las preferencias, conveniencias o deseos egoístas, sin equiparar lo cierto con  percepciones que están sesgadas por la ignorancia o la pereza de estudiar a fondo las campañas, sus antecedentes de transparencia y respeto, y probable impacto actual y futuro, en todos los campos, comenzando por el ético.

Esto requiere no difundir lo que no es verificable ni mostrar como cierto lo que se sabe que es falso. Manipular la información o presionar, va contra el derecho a conocer, que es condición para acertar con el voto.

Vale la pena indagar las causas de la votación en blanco, porque definitivamente no contrarresta los votos a favor de quienes se ha podido conocer, con buen estudio, que no eran convenientes para la sociedad ni para las generaciones futuras. Frecuentemente se evitan haciendo el esfuerzo de conocer mejor, en fuentes primarias, a los candidatos y sus programas.

Necesitamos ayudar a encontrar qué se esconde detrás del abstencionismo y la apatía; pueden ser expresión de ignorancia, pereza, abandono de los deberes civiles y reducción de la valoración de la realidad externa a causa de percepciones superficiales y de algunas situaciones y experiencias negativas, entre otros. En esto se suele confundir el “nada cambio” con el “nada cambia”; esta pasividad puede llevar a una omisión injusta.

Otro reto es el voto polarizado con ideologías no sustentadas en evidencia científica, que suelen ser instrumentos de negocio y estar asociadas a la inmadurez personal, el emotivismo superficial, la pobreza intelectual y cultural, y fácilmente acaba en polarizaciones y violencia política con discursos en que se absolutizan parcialidades, y sesgos cognitivos y actitudinales, de carácter excluyente o de victimización, que hacen daño y reflejan distorsión, un injusto déficit de cultura democrática, falta de prospectiva, fallas de disponibilidad y memoria, que causan mayor riesgo de repetir o aumentar errores ya comprobados con el ejercicio de control ciudadano.

Ante esto hace falta fortalecer el pluralismo, la tolerancia que es antitética de la cobardía y de la complicidad, y el diálogo respaldado con la evidencia, con el que se democratiza pacíficamente al poner el respeto a la persona por encima de la absolutización de un falso derecho a la diferencia y de la falsa reivindicación de este como si fuera un medio para el desarrollo.

Se requiere valentía para votar de modo coherente con la propia conciencia y no dejar que la secuestren con falsos argumentos de utilidad, con la difusión de encuestas apañadas y de miedo al poder de ciertos oponentes. En la literatura de elección social se usa el término “votación sincera” como opuesto a la “votación instrumental”.

También hace falta reconocer que los derechos y deberes políticos son iguales para todos, cada uno los ejerce al votar de modo diferente sin intimidaciones ni represalias, evitando desigualdades de representación y haciendo que la democracia institucional sea más fuerte.

Respecto a los resultados electorales legítimos, también existe en la ética democrática el deber ciudadano de aceptarlos con respeto a las genuinas autoridades democráticas, a la vez que si hay motivos racionalmente sustentados, se utilizan los mecanismos legales para cualquier reclamación. Un proceso electoral bien vivido debe reflejar con fidelidad la voluntad ciudadana.

La Constitución Política reconoce nuestro derecho natural, después de los resultados, al control del poder político, con la vigilancia ciudadana sobre el cumplimiento de lo prometido y de los demás derechos y deberes del cargo.

También debemos denunciar cuando la Organización Electoral no garantizó condiciones iguales para partidos y candidatos en las tarjetas electorales, cuando no fue reconocido el derecho de ejercicio al voto por parte de personas que tienen  condiciones especiales compatibles con vivir este derecho y deber, y otras con limitaciones físicas, mayores de 80 años o gestantes en dificultades superables de acceso con la ayuda estatal y cívica. Debe garantizarse el voto asistido a personas que lo requieran por sus limitaciones, como adultos mayores quienes también pertenecen a poblaciones vulnerables.

El Estado tiene el deber de sancionar toda irregularidad en las condiciones de los procesos electorales, como haber superado el tope del presupuesto legal, y sancionarlas diligentemente y con toda justicia.

Son éticos algunos beneficios democráticos de la votación como que el certificado electoral otorgue descuentos en trámites estatales, el descanso durante medio día laboral y la prioridad en becas o subsidios. Son premios a este modo de reforzar el control ciudadano del poder político; la legitimidad democrática beneficia a todos.

Delitos como el fraude y otras formas de corrupción electoral, deben tener sanciones severas en el marco de la justicia estatal, que reduzcan la impunidad.

Hay que investigar a fondo las votaciones en los entornos de violencia para identificar los casos en que no se cumple la condición de libertad necesaria para que el voto sea reconocido como legítimo y aplicar diligentemente las respectivas sanciones.

Vale la pena aprovechar cada etapa de elecciones para educar a la siguiente generación, entregándole el palitroque con el conocimiento y el ejemplo de saber garantizar su pleno desarrollo y el de los demás, actuales y futuros, a través del voto responsable.

Las opiniones que aquí se publican son responsabilidad de su autor.

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