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¿Hubieran publicado los mismos libros de Heidegger, Marx y Hegel, si los tres hubieran dedicado más tiempo al cuidado de sus hijos?

El pasado mes de marzo, un colectivo activista en Alemania decidió provocar esa pregunta con una intervención artística: disfrazó con bebés de juguete a varias de las estatuas de grandes líderes y pensadores de Europa. Aristóteles aparece cambiando un pañal, Goethe parece dar un discurso con un chiquitín apoyado en su cintura. Los héroes haciendo, siglos después de muertos, lo que no se exigió hacer en vida.
Desde que soy madre de un niño pequeño, me espanta cada vez que recuerdo cómo que la Nobel de Economía del 2023, Claudia Goldin, probó que la igualdad de género laboral incrementa dramáticamente después del primer hijo: en gran parte porque muchas mujeres renuncian a sus carreras para dedicarse al cuidado del bebé, cuyo cuidado casi siempre recae en ellas. Tantos hombres que no renunciaron están ahí, en estatuas que decoran avenidas del mundo, mientras que las madres de sus hijos no aparecen en los libros de historia.
Los hombres, dice la campaña alemana 'Caring men', inspirada en otra que arrancó el Austria hace un año, aún dedican menos horas al trabajo del cuidado que las mujeres, aún se benefician de políticas laborales que las discriminan a ellas, desde el sistema de pensiones al de licencias remuneradas. Quizás si hubieran distribuido más el tiempo del cuidado, más libros tendríamos de ellas. O quizás si no se valorara solo lo producido, sino lo cuidado, tendríamos más estatuas con bebés en manos. Al menos para recordar que a veces es más difícil entender por qué llora un niño en la mitad de la noche, que escribir mil páginas sobre la modernidad.

hace 7 horas
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