Uso de simulacros, contención emocional y espacios de diálogo como claves para proteger a los menores en todas las fases de la emergencia
El impacto emocional que genera un sismo en los niños depende directamente de la reacción de los adultos a su cargo, del desarrollo según su edad y de las herramientas afectivas que hayan construido en su entorno familiar y escolar. Así lo explicó en Hora 13 Noticias Cruz Elena Vergara, docente de Psicología de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), quien enfatizó que no existe una única forma de procesar estas situaciones ni una fórmula para evitar por completo un impacto traumático.
La especialista señaló que la actitud del adulto transmite de manera directa tranquilidad o angustia a los menores, por lo que resulta fundamental seguir pautas claras de acompañamiento en cada etapa de la emergencia.
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En la fase previa a cualquier evento, la preparación y la práctica constante son determinantes. La docente destacó la necesidad de adaptar la información según la edad del menor, pues la capacidad de retener instrucciones varía entre un niño pequeño y uno más grande.
Para ello, es indispensable tomar con seriedad los simulacros tanto en los hogares como en los colegios, garantizando que las rutas de evacuación se asimilen como un hábito. Asimismo, las familias deben definir con claridad sus puntos de encuentro, identificar a los vecinos o redes de apoyo cercanas en la comunidad y establecer pautas de acción para momentos de vulnerabilidad cotidiana, como cuando un adulto debe ausentarse brevemente para llevar a otro hijo al colegio.
Durante la emergencia, la prioridad debe ser conservar el control para transmitir seguridad. La experta aconseja nombrar las emociones de forma transparente, expresando frases como «tengo miedo, pero vamos a seguir el protocolo juntos». En el plano físico, la recomendación principal es tomar a los niños de la mano, evitando los abrazos demasiado fuertes o cubrirles la cara para garantizar que puedan respirar con tranquilidad mientras se desplazan.
Posterior al suceso, los menores necesitan espacios para procesar lo ocurrido a través de la palabra, el dibujo, la lectura de cuentos o el juego. Si los niños recrean la emergencia mientras juegan, se les debe permitir, ya que es la forma natural en la que asimilan la experiencia. No obstante, la especialista advirtió que es vital evitar la sobreexposición a imágenes o videos impactantes de colapsos y rescates, así como no reiterar el tema en exceso para no inducir mayor angustia. El acompañamiento constante de padres, profesores y amigos será el pilar fundamental para que los niños recuperen gradualmente la calma.

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