Aparece solo, sin blindaje de mánager, y rechaza pasar por maquillaje y peluquería. De estilismo, ni hablamos. Imposible desligar a Jeremy Irons (Cowes, Inglaterra, 76 años) de la estampa de gentleman fugado al campo que cultiva fuera de pantalla: pañuelo al cuello, gorro de estibador, loden y chaleco desgastados, vaqueros y botas camperas. El hotel Alfonso XIII de Sevilla bulle por una boda india al estilo Bollywood, pero nos abren un fastuoso salón apartado del bullicio. Según asoma, mira por los ventanales con un único reclamo: quiere fumar. Afuera hace frío y se anuncian más aguaceros. No hay discusión, improvisamos un saloncito con butacones bajo un toldo en el mirador del jardín. Irons es conocido por encadenar un cigarrillo tras otro. Los lía a máquina. En apenas un par de horas, caerán cuatro. “Vicios… son tan necesarios…”, se excusa con pesarosa sonrisa.