“Estamos prácticamente secuestrados”. “Los tratan como a perros”. “Este es el infierno en la tierra”. Los testimonios de las condiciones que soportan los migrantes detenidos encuentran la manera de salir del centro Krome, ubicado en el borde de Miami, donde la ciudad se funde con los inmensos pantanos de los Everglades. En la mayor cárcel migratoria de Florida —que originalmente fue una base de misiles de la Guerra Fría y que desde que funciona como prisión temporal para inmigrantes es conocida por sus malas condiciones— no se permiten cámaras ni teléfonos móviles personales. Los representantes legales de los detenidos son las únicas personas externas que pueden entrar y las comunicaciones oficiales son escuetas. Pero en las últimas semanas, videos virales en redes sociales, denuncias de familiares, abogados y activistas, y hasta un par de muertes en el centro desde finales de enero han puesto los focos sobre Krome. La situación es tal que algunos detenidos están solicitando ser deportados en lugar de pasar más tiempo detenidos allí. Es un ejemplo más del despliegue de la crueldad como estrategia disuasoria.