
Nadia emigró en 2010 a Los Ángeles, California, y lo primero que le recomendaron fue acudir a la calle Alvarado para comprar documentos falsos. Le advirtieron sin rodeos que no había otro camino para conseguir trabajo. Pagó 150 dólares y le entregaron dos tarjetas falsas que tenían su nombre real: una de Seguro Social y otra de residente permanente (green card). Era una identidad inventada que desde entonces le han aceptado varios empleadores. “Sabe uno de antemano que no es correcto, pero la necesidad, para sobrevivir, nos lleva a buscar otras vías para salir adelante en este país”, dice la mexicana de 56 años.

hace 7 horas
9







English (US) ·
Spanish (CO) ·