Todo, en todas partes, al mismo tiempo

hace 7 horas 2

Economía para todos, John Chica

Las elecciones presidenciales en el horizonte convierten cada dato económico en arma política. Con la economía como la protagonista de la película, el país salta entre realidades sin poder anclar en ninguna.

Por John Chica. Colaboración con Oriente Capital (@oriente.capital).

La economía colombiana vive su propio multiverso. Como en la película ganadora del Oscar, todo está pasando al mismo tiempo, en todas partes, y nadie tiene muy claro cómo termina. Como señaló Alejandro Gaviria, los afines al Gobierno destacan los avances, la oposición subraya los retrocesos, y la verdad probablemente vive en un territorio raro entre las dos posturas extremas.

Hay señales buenas —quizás muy buenas—, y señales malas, en la línea de lo preocupante; donde, en todo caso, el déficit fiscal parece ser la herida profunda que atraviesa todo el análisis como un hilo rojo que conecta universos paralelos.

El dólar, consolidado por debajo de los $3 700, es una buena noticia para el Gobierno, pero una mala noticia para los exportadores. Reduce la presión sobre las importaciones y aligera el servicio de deuda en moneda extranjera, pero desestimula al sector exportador, cosa no menor en un Oriente antioqueño con relevante tejido empresarial expuesto al riesgo cambiario en productos como flores y aguacate. Una reversión brusca del dólar sigue siendo posible según muchos analistas, pero son tantas y tan diversas las variables que inciden en la tasa de cambio, que es complejo anticiparla. En nuestros análisis siempre hemos mantenido que la divisa se sigue viendo bajista y por ahora no parece cambiar mucho el panorama.

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El desempleo en 9,2 % para febrero de 2026 también es una buena noticia, pero nuevamente merece lectura matizada: es el dato más bajo en años y refleja dinamismo en sectores como el de servicios, pero esconde una informalidad laboral que supera el 55 %, lo que significa que millones de colombianos trabajan sin seguridad social ni ingresos estables.

Del lado oscuro de la fuerza, la rebaja de calificación de la deuda soberana de Colombia a BB-, cayendo cada vez más en el grado de especulación, es quizás la señal más preocupante. Muchos creen que es un simple tecnicismo, una opinión de un externo al que nadie ha invitado, pero sea cual sea la postura ideológica, esta noticia implica que Colombia pagará más caro por endeudarse en mercados internacionales, que fondos de inversión con estructura de grado de inversión deben vender sus títulos colombianos, y que el margen de maniobra fiscal se estrecha justo cuando el déficit ya es insostenible. Esto teóricamente debería hacer que muchos dólares salgan de Colombia y que la TRM suba, pero no está sucediendo así, lo cual a su vez indica, como presumen algunos analistas, que el fuerte flujo de dólares que ha hecho caer la tasa de cambio no es inversión real ni especulativa, sino posiblemente remesas y sueldos de colombianos que trabajan para empresas internacionales y ganan en dólares (y/o el dólar de actividad económica non sancta).

La secuencia más lamentable de la película es la pelea pública entre el Gobierno y el Banco de la República. Cuestionar la independencia del emisor en medio de presiones inflacionarias es una señal que los mercados leen como riesgo institucional, el tipo de daño que tarda años en repararse. Ya en el pasado algún gobierno creativo inventó una Junta Monetaria para arrebatar la autonomía del banco central, y el efecto fueron décadas de alta inflación. Como lo digo constantemente, varias cosas se le pueden resaltar al Gobierno en materia económica, pero esta es una de las situaciones donde borra con un meñique lo que hizo con las dos manos. Manifiesto abierto rechazo por cualquier señal que promueva la pérdida de autonomía de la Junta Directiva del Banco de la República; en mi opinión, el pilar institucional de la nación.

Otro mal detalle del Gobierno es proponer, en un período legislativamente inviable, una reforma tributaria. Esta propuesta suma incertidumbre, además de que no ofrece claridad sobre el destino del recaudo ni un plan creíble de ajuste del déficit.

En el frente externo, el conflicto con Ecuador ha escalado hacia una disputa comercial que afecta exportaciones agrícolas e industriales en una frontera históricamente activa. Colombia, beligerante con quien no le conviene, ha sido relativamente moderada con esta afrenta diplomática. Más grave aún es la tensión en el estrecho de Ormuz: si Irán restringe el paso, el precio del crudo seguirá subiendo —bien para Ecopetrol, mal para la inflación— y los fletes globales se dispararán, encareciendo todo lo que Colombia importa, desde insumos industriales hasta alimentos.

Por encima de todo esto, las elecciones presidenciales en el horizonte convierten cada dato económico en arma política. Con la economía como la protagonista de la película, el país salta entre realidades sin poder anclar en ninguna. En ese ambiente, los buenos indicadores se minimizan y los malos se amplifican. El resultado es un multiverso de incertidumbre que no derrumba la economía, pero sí la pone nerviosa en el peor momento: cuando más necesita decisiones de inversión, reformas estructurales y, sobre todo, la lucidez de mirar todo al mismo tiempo sin perder el hilo.

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    «La economía colombiana vive su propio multiverso. Como en la película ganadora del Oscar, todo está pasando al mismo tiempo, en todas partes, y nadie tiene muy claro cómo termina».

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