Terror en la Reserva La Castellana: atraco masivo, heridos y amenazas de muerte en Sendero Ecológico de Envigado
Resumen: La frustración de las víctimas aumentó al reportar el hecho al vigilante de la reserva, quien, según los testimonios, reaccionó con total pasividad e indiferencia, limitándose a informar por radio sin inmutarse frente a las heridas ensangrentadas de los caminantes.
Este resumen se realiza automáticamente. Si encuentra errores por favor lea el artículo completo.
Minuto30.com .- Un recorrido que prometía ser una mañana de conexión con la naturaleza se transformó en una auténtica pesadilla para más de una docena de excursionistas en la Reserva San Sebastián La Castellana, ubicada en los límites entre Envigado y El Retiro. Un grupo armado perpetró un asalto masivo en el sector conocido como el Mirador de los Caminantes, dejando como saldo dos personas heridas, una de ellas por el impacto de un arma traumática y otra con una fractura grave.
Los hechos comenzaron a desarrollarse sobre las 9:30 de la mañana, cuando un grupo de cuatro amigos inició su ascenso tras cumplir con el protocolo rutinario de registro en la entrada de esta zona protegida. Durante el trayecto, los senderistas notaron la presencia inusual de un individuo que descendía sin indumentaria deportiva ni morral, quien además mostraba una actitud errática y sospechosa. Minutos más tarde, esta advertencia silenciosa se materializaría en un violento asalto coordinado.
Al aproximarse a una pequeña caseta de madera contigua al mirador, el grupo fue emboscado por un delincuente armado que los encañonó de frente. En un acto impulsado por el instinto y la adrenalina, uno de los excursionistas se abalanzó sobre el atacante, logrando derribarlo. Durante el intenso forcejeo en el suelo, el arma fue detonada. Fue en ese instante de confusión cuando la víctima se percató de que no se trataba de un ladrón solitario; la emboscada estaba orquestada por una banda de al menos cuatro criminales.
Agresiones e insultos por parte de los atracadores
Tras cesar la resistencia para evitar una tragedia mayor y pedir calma, el senderista fue brutalmente agredido. Recibió una fuerte patada en la cabeza que le reventó la nariz y la boca, obligándolo a rendirse mientras los delincuentes lo arrastraban hacia la zona principal del mirador. Allí, la escena era desoladora: entre ocho y nueve personas más —incluyendo a un grupo de jóvenes que venían de un gimnasio y a un caminante solitario— ya se encontraban retenidas en el piso, boca abajo y bajo constantes amenazas.
El asalto se prolongó en un clima de terror psicológico absoluto. Los delincuentes, empuñando las armas contra la cabeza de sus víctimas, amenazaban con asesinarlos y desaparecerlos en la espesura del monte una vez terminara el robo si no cooperaban. Bajo esta estricta coacción, despojaron a los ciudadanos de sus teléfonos móviles, exigieron las claves de desbloqueo bajo intimidación física y hurtaron herramientas de montaña, como un machete de supervivencia.
La violencia de los atacantes no se detuvo en las amenazas verbales. Durante el caos de la retención, uno de los integrantes del grupo de cuatro amigos iniciales intentó escapar corriendo hacia la parte baja del sendero. Sin embargo, fue interceptado por un cuarto asaltante que se encontraba oculto vigilando el perímetro. En medio de la persecución y la huida, el joven cayó violentamente, sufriendo una fractura de alta gravedad en uno de sus dedos, lesión que actualmente lo mantiene a la espera de una intervención quirúrgica.
Una vez los criminales huyeron súbitamente sin dejar rastro, las víctimas emprendieron el doloroso descenso grupal. Fue en este trayecto cuando el senderista que había forcejeado inicialmente notó un agujero en su pantalón y descubrió que el disparo percutido durante la riña sí lo había impactado. Presentaba una herida en la cara interna del muslo izquierdo, causada por un arma traumática de baja letalidad que le provocó una quemadura y una zona de tejido necrosado que enmascaró el sangrado inicial.
La frustración de las víctimas aumentó al reportar el hecho al vigilante de la reserva, quien, según los testimonios, reaccionó con total pasividad e indiferencia, limitándose a informar por radio sin inmutarse frente a las heridas ensangrentadas de los caminantes. El grupo tuvo que descender hasta la zona urbana, cerca de un supermercado local, donde transeúntes solidarios les facilitaron teléfonos para contactar a la Policía y a la línea de emergencias. Tras recibir primeros auxilios por parte de los bomberos en el lugar, los heridos fueron trasladados a centros asistenciales de urgencias, donde el dolor agudo de las múltiples contusiones en costillas, espalda baja y cabeza comenzó a manifestarse al disiparse el efecto de la adrenalina.
Este violento episodio no es un hecho aislado. La comunidad de senderistas ha denunciado que hace apenas un mes se registró un atraco de características idénticas, con retención prolongada de personas, en un desvío del mismo sendero que conduce hacia el sector de El Salado. La reiteración de estos ataques armados ha encendido las alarmas en Antioquia, generando un profundo rechazo entre los ciudadanos, quienes hoy exigen a las autoridades municipales de Envigado y a la Policía Metropolitana una intervención contundente. El miedo y la inseguridad han comenzado a secuestrar los espacios naturales del Valle de Aburrá, arrebatándole a la población el derecho de disfrutar de sus áreas protegidas en paz.

hace 2 horas
3








English (US) ·
Spanish (CO) ·