
Primero se sacó el título de dentista. Después, quiso ser periodista. Pero el destino del brasileño Rubem Valentim (1922-1991), uno de los mayores nombres del arte brasileño del siglo XX, no iba a estar ligado ni a los dolores de muelas ni a los titulares de periódico, sino a la geometría. Y no a una geometría cualquiera. Muchas de las formas que pueblan sus pinturas y esculturas, casi siempre en vivos colores, son una mutación artística de algunos de los símbolos más conocidos en los rituales de las religiones afrobrasileñas. Ahora, la exposición Rubem Valentim, a ordem do sensível (el orden de lo sensible), en el Museo de Arte de Río de Janeiro, reúne hasta agosto casi 180 piezas, muchas procedentes de colecciones privadas y poco vistas por el gran público, para repasar toda su trayectoria.


hace 8 horas
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