Para Isabel Fraga (Madrid, 1977) y Clara Gómez (Gijón, 1986) la arquitectura y el interiorismo empezaron casi como un juego. “Siempre me había encantado la cocinita Rico, la conservaba de cuando era pequeña. Y desde hace unos años colecciono cocinas de juguete, tendré unas 30. La primera la encontré en un mercadillo de Buenos Aires y me la traje en la maleta. Me gusta el hecho de que son maquetas”, explica Fraga mientras señala una estantería, “esa de ahí es de West Germany”. Fraga y Gómez, Rinoceronte Arquitectura, tienen su estudio en un antiguo ultramarinos en el madrileño distrito de Arganzuela, rodeado de edificios de ladrillo con balcones de forja y antiguas fábricas eléctricas. “Yo era una friki de los Lego”, apunta Gómez, “de pequeña jugaba a hacer pueblos enteros. Con sus calles, su ayuntamiento, su floristería...”. Se formó como arquitecta técnica y luego se especializó en interiorismo y escaparatismo. Pasó por Ikea, Zara Home y firmas de moda. “Estuve siete años llevando imagen de marcas en el Grupo AWWG, el de Pepe Jeans, Hackett o Façonnable. Siempre había tenido la espinita de no trabajar en un estudio y finalmente me junté con Isa”, recuerda.

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