Navidad sin bombillos

hace 7 horas 3

cesar augusto bedoya munoz

Navidad sin bombillos

Resumen: La realidad técnica detrás de esta alerta es contundente y no da espacio para optimismo ingenuo. Según el Ministerio de Minas y Energía, la llamada "energía en firme", la garantía mínima para responder ante emergencias

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El país se encuentra ante un panorama tan desafiante como paradójico. Mientras las advertencias de los expertos y del Gobierno nacional apuntan a una inminente crisis energética que pone en riesgo el suministro de electricidad para lo que resta del año y el primer trimestre de 2027, la cotidianidad avanza como si nada pasará. La ministra de Minas y Energía, María Nohemí Arboleda, ha señalado con claridad la extrema vulnerabilidad del sistema eléctrico a raíz de la aceleración del fenómeno de El Niño, la escasez de lluvias y los retrasos en los proyectos de generación.

La realidad técnica detrás de esta alerta es contundente y no da espacio para optimismo ingenuo. Según el Ministerio de Minas y Energía, la llamada «energía en firme», la garantía mínima para responder ante emergencias, se encuentra un 8,6% por debajo de la demanda nacional, mientras que XM, en su Boletín Energético 361, advierte sobre el peligro de no contar con los recursos suficientes para cubrir el consumo pico del próximo verano. A esto se suma el delicado panorama hídrico local, con advertencias de EPM sobre la posibilidad de ampliar los horarios de racionamiento de agua en Medellín debido al bajo ahorro en los hogares.

Hoy dependemos de la electricidad de forma absoluta para sostener nuestra vida moderna. El celular que se ha convertido en una extensión de nuestras manos, el internet sostiene la economía y la comunicación, y el parque automotor eléctrico crece de forma acelerada exigiendo constantes recargas en los hogares. La infraestructura nacional opera al límite, atrapada entre una sequía severa y un consumo ciudadano que, lejos de estabilizarse, continúa disparándose a pesar de las señales de alarma.

Frente a este escenario de vulnerabilidad, mantener las tradiciones de consumo excesivo sería una insensatez imperdonable y una profunda falta de coherencia institucional. Por esta razón, es indispensable hacer un llamado urgente y directo a los gobernantes nacionales, departamentales y municipales para que, en este próximo diciembre, se prohíban los tradicionales y ostentosos alumbrados decembrinos en los espacios públicos de las ciudades.

Del mismo modo, este llamado se extiende con firmeza a los hogares y establecimientos comerciales: derrochar energía en luces navideñas ornamentales cuando los embalses agonizan es un lujo que Colombia no se puede permitir. La disyuntiva que enfrentamos es de sentido común: ¿preferimos un diciembre iluminado por bombillos decorativos o garantizamos que nuestras casas sigan teniendo luz y conectividad en los meses siguientes?

La responsabilidad, sin embargo, no recae únicamente en las alcaldías y la administración central, sino en cada uno de nosotros como ciudadanos. Cada kilovatio ahorrado en la cotidianidad, cada electrodoméstico usado con moderación y cada gota de agua cuidada representan un respiro vital para un sistema eléctrico al borde del colapso. Apagar el derroche hoy es la única garantía de que no terminemos apagados mañana.

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Redacción Minuto30

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