Murciélago que se creía extinto desde 1996 vuelve a aparecer en el Oriente de Antioquia

hace 5 días 5

Así fue el redescubrimiento del murciélago de sacos alares que se creía extinto en Antioquia

Durante años, el Saccopteryx antioquensis fue casi un misterio. Desde su registro en 1996, no se tenían pruebas claras de su existencia, lo que llevó a pensar que incluso podía haberse extinguido. Pero un trabajo paciente, técnico y poco convencional permitió demostrar lo contrario.

El proceso para reencontrarlo no fue sencillo. Este murciélago es pequeño, nocturno y extremadamente difícil de detectar. Como otros de su tipo, se orienta mediante ecolocalización, es decir, emite sonidos tan agudos que rebotan en su entorno y le permiten “ver” en la oscuridad. El problema es que esos sonidos no pueden ser escuchados por el oído humano.

Por eso, los investigadores tuvieron que combinar métodos tradicionales con tecnología especializada. Por un lado, instalaron redes de niebla, unas mallas casi invisibles que se ubican en zonas de paso de los murciélagos para capturarlos sin hacerles daño. Pero eso no era suficiente.

La clave estuvo en los registros bioacústicos. Con equipos capaces de captar ultrasonidos, los científicos lograron grabar los sonidos que emite la especie. Cada murciélago tiene patrones acústicos propios, como una huella sonora. Al analizarlos, pudieron identificar con precisión que se trataba del Saccopteryx antioquensis, incluso antes de verlo.

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Este método fue determinante en 2020, cuando un equipo de la Universidad de Antioquia logró no solo capturar un ejemplar, sino también obtener sus primeras grabaciones en 24 años.

El hallazgo más reciente ocurrió en 2025, en el municipio de Maceo, como parte del proyecto La Ruta de las Alas. Allí, los investigadores repitieron la estrategia: instalaron sensores acústicos en zonas clave y complementaron con monitoreo en campo.

Esta vez, el resultado fue aún más sólido: lograron evidencia tanto visual como sonora, confirmando que la especie no solo sigue existiendo, sino que habita activamente en esa región.

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El lugar del hallazgo no es casual. Se trata del Corredor Kárstico del Oriente Antioqueño, un ecosistema lleno de cuevas y bosques donde estos animales encuentran refugio. Precisamente allí se está desarrollando un “Banco de Hábitat”, un modelo de conservación que busca proteger de forma permanente el entorno natural de la especie.

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Además de confirmar su supervivencia, el hallazgo permitió entender mejor sus hábitos: en qué momentos del día está activo, qué zonas prefiere y cómo se mueve en su entorno. Esta información es clave para diseñar estrategias que eviten su desaparición definitiva.

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