
El pasado mes de enero, días después de que Donald Trump fuera investido presidente, agentes de inmigración llegaron al salón de belleza Dana, en Mount Rainier, en Maryland, a dos escasos minutos con la frontera con Washington DC. Buscaban a una de las empleadas, migrante indocumentada, a quien se llevaron detenida y que mantienen en un centro de detención de New Hampshire a espera de una audiencia judicial. A Daysi García, dueña del salón, le cambió la vida. “Llegaron un día de semana, creo que fue un jueves. Ya ese fin de semana no vino nadie, ni los trabajadores se acercaron a trabajar, ni los clientes vinieron”, recuerda con pesadumbre.

