
Fidelina Cruz (Leguízamo, 72 años) viste una camiseta negra con el estampado de la foto de su esposo Pablo Panduro Coquinche sobre el lado izquierdo de su pecho. La usa cada 28 de marzo, cuando se uniforma con el resto de integrantes del resguardo Bajo Remanso, en las selvas del Putumayo, para conmemorar por tercer año el asesinato de quien era el gobernador indígena de ese poblado. Viaja por río tres horas en lancha desde el casco urbano de Puerto Leguízamo, donde vive desde entonces. Recorre el mismo camino que hizo su esposo horas antes de morir en un operativo militar en la vecina Alto Remanso. En el resguardo, este sábado, el pueblo se reúne para recordar al líder del pueblo Kichwa con una misa. Luego viene una procesión, con banderas y globos blancos, hasta la casa abandonada donde vivió Panduro hasta su muerte. “Este era el supuesto fusil que cargaba nuestro gobernador”, dice Lucila Bastidas, levantando el simbólico bastón de mando indígena. Sigue un minuto de silencio.




