
El petróleo ya no se ve, pero está presente. Los peces nadan en el mar, pero ya no se pescan. El agua no está manchada, pero deja una extraña espuma color café con cada coletazo. Mientras la rutina parece seguir su curso en el municipio de Pajapan, al sur de Veracruz, la amenaza invisible del derrame de petróleo -que comenzó hace casi dos semanas y ha alcanzado a 230 kilómetros de la costa del golfo de México- permea cada minuto del día de sus habitantes. Jaibas sin pescar y camarones sin vender dibujan la nueva realidad de decenas de familias que, ante la polución de la laguna del Ostión, luchan por sobrevivir una emergencia que los ha dejado sin su principal sustento. “Está crítico porque yo, desde el día que entró la contaminación, no he trabajado ningún día”, asegura Vicente Vargas, un pescador de 49 años que lleva 14 años en este oficio.


hace 5 horas
5





English (US) ·
Spanish (CO) ·