Lleva poco más de dos meses en el poder y el presidente chileno, José Antonio Kast, de la extrema derecha conservadora, ha tenido que hacer lo que no había hecho un Gobierno en Chile, desde el retorno a la democracia en 1990: cambiar fichas dentro de su gabinete tan rápido. Las debilidades en la gestión de la seguridad, que fue el punto medular de sus promesas de campaña ante el auge de la delincuencia y, en consecuencia, de la preocupación de los ciudadanos, empujaron al cambio en la cabeza del área. Kast, acechado por el desgaste en la aprobación popular en sus primeros 69 días de mandato, ha sacado a dos de sus ministras, a Trinidad Steinert, la experimentada exfiscal en temas de crimen organizado que estaba a cargo del Ministerio de Seguridad Pública, y a la portavoz Mara Sedini. Pero es la salida de la primera la que propina el mayor golpe al diseño de Gobierno inicial precisamente, por ser la mayor urgencia de su Gobierno y donde ha mostrado mayor debilidad.

hace 12 horas
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