Mataron a Angie Pérez, que tenía 29 años y un hijo de cuatro. A Rubén Antonio Ramos, que con 24 años ha dejado a su madre desconsolada. A Guillermo Cortés, que su familia interpuso la denuncia por desaparición y cuando las autoridades la difundieron ya estaba muerto. A Rolando Evaristo y Uriel Calva, a quienes despiden decenas de amigos. A Lesly Noya, de 21 años, Huesitos para su hermana, deportista y sonriente. Al matrimonio de Yamilet López y Raúl Emmanuel González, de 28 años. A Jacqueline Meza, incluso después de que su madre alertara de que había sido secuestrada. Mataron a nueve jóvenes, se los llevaron de la costa de Oaxaca y los tiraron a 400 kilómetros. Los mataron a todos y las autoridades, que no lloran sus cuerpos, imparten justicia bajo el eslogan de un “ajuste de cuentas”.


