“El rap ha sido un regalo”, el Flako, de Laberinto, a 20 años del disco A mitad del camino

hace 1 semana 19

Cuando Junior Ruiz invitó al Flako a hacer parte de Laberinto, el grupo de rap que había formado recién con un par de amigos del barrio Robledo El Diamante, el Flako se puso feliz, dijo que sí sin dudar, pero a los otros integrantes no les gustó mucho la idea, o mejor dicho, no les gustó el Flako, les parecía una bandera, un delincuente. Le dijeron a Junior que no iban a cantar con el Flako, pero Junior prefirió dejar de cantar con ellos. El Mocho se les unió poco después.

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De eso han pasado casi 30 años y mucho rap. Laberinto ELC ha publicado seis discos –En las Calles (2000), Área 64 (2002), A mitad del camino (2006), Bohemio (2009), Por los nuestros (2014) y De antaño (2025)– y ha hecho colaboraciones con Alcolirykoz, Caña Brava, Kei Linch, Ali Aka Mind, De Bruces a Mí, Penyair, entre otras. Hoy, el Flako es una leyenda del rap local y el hombre detrás de uno de los himnos de la discografía rapera nacional: La jaula de oro.

Pero las leyendas del rap de aquí no son esos tipos millonarios e inalcanzables, sino personas de a pie, que con suerte, cualquier fanático se puede encontrar en el lugar menos pensando. Esa es su gracia, su magia, estar ahí donde estamos todos y hacer de lo cotidiano, del sufrimiento, la angustia o la alegría, una canción.

3:45 no es madrugar es trasnochar/el romance con la cama para otro día será/te despierta el agua fría como castigo por lo que eres/la rabia no es una herramienta que se utiliza cuando se puede/mientras en la cocina se escucha un huevo freír/el reloj con la mirada te dice: te tienes que ir, rapea el Flako en La jaula de oro.

–Nosotros somos relatores de lo cotidiano, periodistas. Hacemos crónicas de lo que vemos. Eso es todo –dice el Flako, mientras se toma un tinto en una cafetería del Palacio Nacional.

César Augusto Monsalve Ríos, es su nombre de pila y su historia es como la de muchos. El Flako creció en un barrio popular en los años de mayor violencia en Medellín. Vivió en Robledo El Diamante hasta los 11, cuando su mamá se separó de su papá y se fue a vivir al barrio Caicedo, en una casa de beneficencia de la Sociedad San Vicente de Paúl. Es el mayor de cuatro hermanos. En Caicedo conoció al Mocho y con el Mocho conoció el rap.

–Un día el Mocho apareció en la cancha con una grabadora toda grande y una sudadera toda ancha y empezó a bailar como imitando un robot al ritmo de esa música y eso fue maravilloso, de otro planeta. Eso nos enamoró, era lo único que teníamos en una época en que no había sino combos –recuerda el Flako.

Era el final de los años 80. El Mocho fue el maestro del rap para muchos, incluido el Flako, con el aprendió a bailar, a rapear, juntos pasaron por los Casas Juveniles –iniciativa de intervención social de la Consejería Presidencial para Medellín para ofrecer alternativas a los jóvenes en sectores populares en los años 90–. Allá ensayaban, les prestaban equipos, les daban clases de técnica vocal, en fin. El Flako no alcanzó estar mucho tiempo ahí. En 1993, con 19 años recién cumplidos terminó en la cárcel.

–Me dejé llevar por la oferta que daba la esquina. Andaba con zapatos rotos, mi mamá embaladísima dándole duro, mis hermanitos creciendo, hambre, falta de oportunidades ... –dice el Flako.

Estuvo preso 50 meses y 20 días. Salió el 5 de febrero de 1998. Ese mismo año, en octubre, El Mocho lo llevó al estudio de Junior Ruiz y terminaron rapeando y dándole la forma definitiva a Laberinto. En la canción Inédito Rap cuenta la historia que lo llevó a la cárcel, fue lo primero que grabó.

El rap puede ser muchas cosas, un instrumento, un lugar de pertenencia, una verdad por construir, pero casi nunca un trabajo que pague bien. En estos años el Flako ha hecho de todo, ha sido rapero y vendedor, pintor, mensajero, ha cantado en buses...

En 2016 John Jaime Sánchez, director de la Corporación Son Batá lo invitó a una formación para vincularlo al trabajo con la corporación. Estudió pedagogía infantil y desarrollo de identificación de habilidades y destrezas en niños, niñas y adolescentes. Desde eso, es rapero y formador. Este año trabajó en una campaña de prevención de las violencia sexuales entre adolescentes en lo grados décimo de 50 colegios públicos de Medellín.

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–Yo recuerdo muy bien que teniendo 13, 14 años yo decía: si llegó a 20 es un milagro. La vida que tengo ahora no me la imaginé nunca. El rap es un regalo maravilloso, por eso vamos a seguir cantando, narrando, haciendo música para que las personas disfruten hasta que Dios lo permita. Y seguiremos enseñando, porque es la forma de recompensarle a esta hermosa vida que nos dio el rap –concluye el Flako.

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