La visita al campo de adiestramiento del crimen organizado descubierto en Teuchitlán (Jalisco) ha dejado la inconformidad de los colectivos de buscadoras, que no han hallado nada de lo que esperaban. Apenas el escenario macabro de una película. Ya la policía de investigación se había llevado todo lo que pueda representar una prueba. “Aquí no hay nada, esto es una burla, ya lo han sacado todo, para qué nos han traído”, decía una mujer que busca a su hijo desde hace siete años, siete meses y 20 días. Así, de burla, calificaron al recorrido organizado por las Fiscalías General y Estatal. Un calor insoportable recibió en el rancho Izaguirre a cientos de periodistas, personal de Derechos Humanos y buscadores de familiares desaparecidos que aún esperaban hallar algún indicio sobre los suyos. Una vieja mochila azul de Adidas, unos calcetines sueltos, un rastrillo de afeitar, cepillos de dientes, pero ya ni rastro de los cientos de zapatos y ropas que han alarmado a todo México en estos días. Están bajo custodia de las autoridades, tras seis meses de abandono.

