
Un niño de cuatro años dice “demasiado olor, señorita, me siento mal”. La maestra, un poco mareada y con dolor de cabeza, abre la puerta que da al patio y le comenta a la docente del salón contiguo, que responde: “Sí, hoy está más fuerte”. Una niña de trenzas, en otra aula, comienza a toser, le cuesta respirar. La directora del preescolar Agustín Melgar —en la Colonia Lázaro Cárdenas del Río, en el municipio Paraíso, Tabasco—, se apura a poner en marcha el protocolo para que madres y padres vayan a buscar a sus hijos. La escena es similar en la Escuela Primaria Abías Domínguez Alejandro, ubicada junto al kinder. Esa mañana, como siempre, todo ocurre con un sonido de fondo, fuerte y penetrante. “Es como el ruido de un avión que nunca termina de despegar”, describe una de las maestras al bramido del "mechón", como todos llaman a esa antorcha de varios metros que está a la vista. El mechón no se apaga nunca, ni de día ni de noche. Arde en medio de la Refinería Olmeca —o más conocida como Dos Bocas—, inaugurada en 2022 al otro lado de la barda de la escuela y el jardín.



hace 2 días
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