
Natividad Domínguez se presenta con una sonrisa larga y franca: “Soy salchipapera”. Lleva cuatro décadas friendo papas y salchichas en el centro histórico de Quito y asegura que conoce cada esquina, cada sombra y cada atajo de este laberinto de piedra. Todo, menos el metro. “¡Es que me da cositas!”, dice entre risas, encogiendo los hombros con timidez. “Me da miedo… pero me ha cambiado la vida”.



hace 7 horas
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