
Cuando a Yackeline, de 33 años, le dieron repentinamente de baja la pensión por discapacidad que cobraba por su niño con autismo, la economía del hogar se le desacomodó y pidió el equivalente a unos 530 dólares a una prestamista del barrio para cubrir los gastos corrientes. En menos de tres meses, su deuda se había multiplicado a 3.600 dólares por un “refinanciamiento” desorbitado que nunca llegó a comprender, mareada por el acoso que empezó a sufrir para que pagara.



hace 4 horas
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