Entre enero y mayo de 2025, 8.116 personas manifestaron su voluntad de donar sus órganos, mientras 4.282 pacientes permanecían en lista de espera en Colombia, según cifras del Instituto Nacional de Salud.
Estos datos ponen en evidencia la necesidad de fortalecer la cultura de la donación y despejar los mitos que aún persisten alrededor de un proceso del que puede depender la oportunidad de trasplante de niños y adultos.
La donación de órganos y tejidos es un proceso regulado y altamente especializado, sin embargo, todavía persisten creencias que generan dudas entre las familias. Una de ellas es pensar que los niños difícilmente necesitan un trasplante, cuando en realidad pueden requerirlo desde los primeros años de vida por enfermedades congénitas, hereditarias o adquiridas que afectan órganos como el hígado, los riñones, el corazón o los pulmones.
A esto se suman mitos relacionados con el supuesto tráfico de órganos o con la idea de que la donación puede interferir con los esfuerzos médicos por salvar a un paciente.
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“Uno de los mayores temores que encontramos en las familias es pensar que, si un paciente puede ser un potencial donante, los médicos podrían dejar de hacer todo lo necesario para salvarle la vida. Esto no corresponde a la realidad. Desde el momento en que una persona ingresa al hospital, la prioridad absoluta del equipo asistencial es preservar su vida y buscar todas las alternativas posibles para lograr su recuperación. La coordinación de trasplantes no interviene en las decisiones sobre el manejo de un paciente que todavía tiene posibilidades de recuperación. Su participación se da únicamente cuando se han cumplido todos los criterios médicos establecidos para confirmar el fallecimiento y, solo entonces, se plantea a la familia la posibilidad de la donación. En el caso de los niños, este proceso requiere además un acompañamiento especialmente cuidadoso y respetuoso, teniendo en cuenta la situación emocional de sus padres y la importancia de brindarles información clara durante cada etapa. En el Hospital San Vicente Fundación Medellín trabajamos para que las familias tengan la certeza de que la atención médica y los esfuerzos por salvar una vida son completamente independientes de la posibilidad de donación y que, cuando esta se plantea, existe un proceso médico y ético riguroso, transparente y respetuoso que protege tanto al potencial donante como a quienes esperan una oportunidad de trasplante”, explicó la doctora Claudia Patricia Franco Arenas, médica coordinadora de Trasplantes del Hospital San Vicente Fundación Medellín.
La donación pediátrica es una realidad y una necesidad dentro del sistema de trasplantes. Los niños pueden requerir un órgano por enfermedades congénitas, hereditarias o adquiridas, así como por otras condiciones graves que generan una falla irreversible. Para estos pacientes, un trasplante puede representar la posibilidad de continuar con su vida y desarrollo. Además, existen criterios específicos de asignación para la población pediátrica que buscan garantizar un acceso oportuno al trasplante. Cuando se presenta una oportunidad de donación, existen criterios médicos rigurosos para determinar qué órganos pueden ser utilizados y cuál es el receptor más adecuado.
El tamaño y el peso tienen especial importancia en el caso de los niños, al igual que la compatibilidad y las condiciones clínicas del órgano. Dependiendo del órgano y de las características del donante y del receptor, un niño puede recibir un órgano proveniente tanto de otro paciente pediátrico como de un adulto.
Cada donación es evaluada de manera individual para buscar la mejor posibilidad para los pacientes que esperan un trasplante. Uno de los mitos que más puede afectar la confianza de las familias frente a la donación es la idea de que los órganos pueden ser extraídos y comercializados de manera clandestina.
Sin embargo, la donación y el trasplante requieren una infraestructura médica especializada, equipos entrenados, procedimientos quirúrgicos de alta complejidad, condiciones específicas para la preservación de los órganos y una cadena de custodia y trazabilidad que permite hacer seguimiento a cada donación.
Se trata de procesos regulados en los que intervienen diferentes profesionales e instituciones autorizadas, por lo que no es posible reducirlos a una extracción y un trasplante realizados de manera improvisada o fuera del sistema de salud.
“Muchas de las ideas que las personas tienen sobre el tráfico de órganos provienen de historias que circulan en redes sociales, contenidos sin verificar o incluso de series y películas que presentan situaciones que no corresponden a la realidad médica. Un trasplante requiere una infraestructura altamente especializada y una coordinación rigurosa entre diferentes equipos y servicios de salud. Desde la identificación del potencial donante hasta la extracción, preservación, asignación y trasplante, existen procesos y controles que permiten garantizar la trazabilidad y el uso adecuado de cada órgano. Además, la asignación no se realiza con base en la capacidad económica del paciente ni en criterios arbitrarios, sino de acuerdo con condiciones médicas y de compatibilidad establecidas para cada tipo de trasplante”, explicó el doctor Carlos Pérez Urrego, director técnico científico del Banco de Tejidos del Hospital San Vicente Fundación.
La donación no se limita a los órganos. Tejidos como huesos, tendones, piel y córneas pueden utilizarse en procedimientos reconstructivos y terapéuticos para recuperar funciones, reconstruir partes del cuerpo, preservar extremidades o mejorar significativamente la calidad de vida. En determinados casos, su utilización puede incluso evitar una amputación en pacientes con lesiones complejas o pérdida importante de tejido.
En Colombia, más de cuatro mil pacientes permanecen a la espera de un órgano. Detrás de cada uno hay una historia, una familia y una vida que espera una oportunidad para continuar. En este contexto, el Hospital San Vicente Fundación Medellín cuenta con una capacidad integral para atender a pacientes pediátricos y adultos que requieren trasplantes, con equipos especializados que participan en las diferentes etapas del proceso.
A esta experiencia se suma el Banco de Tejidos del Hospital, que amplía las alternativas terapéuticas para pacientes que requieren tejidos. Esta capacidad integral consolida al Hospital como un referente en la atención especializada de pacientes que necesitan órganos o tejidos para recuperar su salud y continuar con sus proyectos de vida.
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