
No estoy en contra del plano secuencia, estoy en contra de su abuso. Esta sentencia suena a “una cosa es libertad y otra libertinaje”, me hago cargo. “¿Y cuándo es abuso? ¿Cuando tú lo digas?”, quizá se pregunte usted. Verán, creo, como en pocas cosas, en el arte narrativo, en la importancia y el placer de las historias. Y tengo la suerte de vivir del cuento, o sea, de ganarme el pan como guionista. Por el poder que le otorgo al relato, creo en la supeditación de la forma al fondo. No voy a aludir a Godard y a Rivette con cuestiones morales y cinematográficas, es mucho más sencillo. Si mientras estoy dentro de una historia, una virguería técnica me saca de ella para ponerme a los pies de la maestría de sus artífices, considero que está fallando a su propósito, que es servir a la historia y no a su propio artificio.