
El estadio es un lugar de emociones. Por eso, quizás, muchas personas dicen que es su sitio de terapia. En las tribunas, todo el mundo, sin importar la posición que tenga afuera, grita como enajenado para festejar o reclamar cuando pasa algo con el equipo al que apoyan. La noche del jueves, en el Atanasio, hubo un grito de estremecimiento cuando, al minuto 60, los aficionados de Atlético Nacional vieron salir del banco de suplentes a James Rodríguez, con la camiseta 23 en la espalda, para vivir su primer juego en casa con el cuadro verdolaga.
Desde antes del inicio del partido, James se robó el show. Para el juego contra Millonarios, válido por la fecha 12 del Clausura, las tribunas del estadio antioqueño se llenaron a reventar. Las camisetas con el número 23 en la espalda abundaban en las tribunas. En la parte baja de Occidental, antes del inicio del partido, la gente hacía fila para que le pusieran el dorsal de la estrella que, se pensaba, sería titular.
No ocurrió. Rodríguez inició el partido en el banco de suplentes. Desde ahí vio los juegos pirotécnicos que terminaron con destellos verdes y blancos lanzados en Sur, Oriental y Norte cuando los inicialistas salieron al campo. En ese lugar escuchó el himno de Colombia y se estremeció mientras el estadio cantaba, al unísono, el cántico antioqueño.
“¡Oh, Nacional!”, terminó la gente. El partido empezó. Hubo buen juego en la cancha. El cuadro verde se acercó al arco de Millonarios, pero en un primer momento no logró anotar. La primera diana del encuentro la anotó el elenco bogotano. Sin embargo, antes hubo un momento de emoción que conmovió a los aficionados del Atanasio.
Las lágrimas de Chicho Arango
El estadio es un lugar para que los hombres lloren. En las tribunas, muchos han lagrimeado de tristeza después de perder una final. Otros lo han hecho de alegría por la emoción del triunfo futbolero. Pocos lo han hecho por frustración dentro de la cancha. El jueves le tocó a Cristian Arango. El delantero antioqueño salió desconsolado de la cancha del Atanasio Girardot después de sufrir, en una jugada aislada en la mitad de la cancha, una lesión en la rodilla.
“Chicho”, que llegó en enero desde el fútbol de Estados Unidos para cumplir el sueño de su vida, quería seguir jugando contra Millonarios. Por eso, a pesar de salir en camilla del campo pocos minutos después de recibir el golpe, ingresó de nuevo a la cancha. No podía pisar bien. Sin embargo, corrió hasta el área que defendían los verdes para intentar despejar un tiro de esquina en favor del rival.
No pudo continuar. Salió de la cancha del Atanasio desconsolado, cubriéndose el rostro. En el banco lo recibió Lucas González, quien le dio un abrazo de consuelo y también le estaba dando la confianza para recuperar el rendimiento. También lo acogió James Rodríguez, quien lo acompañó, mientras le hablaba al oído, hasta las bancas de suplentes. Pocos minutos después, entró, con una toalla en la cabeza, hacia el camerino de suplentes. Debieron ayudarlo a bajar.
El ataque del cuadro verde no pasa un buen momento. La lesión de Arango se sumó a la de Alfredo Morelos. Por el momento, Atlético Nacional tiene a sus dos grandes referentes de área con problemas físicos. El cordobés, que vio el juego desde el palco, regresará en un mes.
Goles y amores
La salida de Chicho fue un punto de inflexión en el partido. Pocos minutos después, Millonarios anotó el primer tanto del partido. Lo hizo Angulo, después de una jugada de balón parado que dejó al Atanasio en un silencio incómodo. Tras la anotación, Lucas González animó a los suyos. Les pidió que no bajaran la intensidad. Le hicieron caso y dio fruto. Los verdes marcaron en el tiempo adicional del primer tiempo el tanto del empate. Lo hizo, de cabeza, Andrés Reyes.
Con el empate en la cancha, mientras los técnicos hablaban en el camerino, las emociones se trasladaron a las tribunas. En el entretiempo llegó la delegación de Chapecoense, que el sábado jugará un partido para conmemorar los diez años de la tragedia que dejó 71 personas fallecidas. Ellio, uno de los seis sobrevivientes, llegó con el equipo brasileño y fue aplaudido. Se veía emocionado. Posaba para las fotos que le pedían y grababa con su celular historias en las que se veía su emoción.
También dejó registro del momento en que James Rodríguez ingresó a la cancha. Todos pensaban que su presencia cambiaría el resultado. Al final, el clásico del fútbol colombiano, que estuvo lleno de emociones, terminó en igualdad. En medio de la fiesta, Nacional completó su segundo partido sin ganar en el torneo local. El próximo miércoles 30 de septiembre buscará sumar tres puntos como local contra Junior en otro duelo que, seguro, estará lleno de emociones.
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