
En el paisaje del desierto, cerca del muro que separa México y Estados Unidos, hay un tesoro. Está custodiado en un cuarto pequeño, de paredes blancas, ordenadísimo. Si se extendiera, el tesoro mide 17 metros; si se sumara, está compuesto por más de 3.000 piezas. Alberga dentro un libro de 1690, su ejemplar más antiguo de una historia trans; atraviesa el siglo XVIII con la noticia de un calderero londinense que “no pertenecía a ninguno de los dos sexos”; guarda las salvajes palabras de la revista mexicana Alarma! en los 70 y las cacerías humanas de Iowa a Barcelona. También cobija el brillo: las invitaciones de 1986 a los cócteles y cursos de belleza de Fantasy Fair, la conferencia trans más antigua del mundo, o la dignidad de la revista Tapestry, que en 1993, titulaba sus artículos con preguntas que décadas después todavía atenazan derechos: “¿Quién dice que no soy una mujer?”. Entre Ciudad Juárez y El Paso, Ángela de la Mora custodia el archivo trans más grande de Latinoamérica, el cuarto más amplio del mundo. Ahora, después de un trabajo de años, está a punto de albergarlo en una biblioteca de Guadalajara para que sea lo que siempre estuvo destinado a ser: público.



hace 9 horas
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